CONVENIOS INTERNACIONALES

PROTOCOLO BIOSEGURIDAD  

RED POR UNA AMERICA LATINA LIBRE DE TRANSGENICOS

DOCUMENTOS DE POSICIÓN No. 2



SOBRE LA EVALUACIÓN DE RIESGOS EN EL PROTOCOLO DE CARTAGENA

La evaluación de riesgos se ha impuesto como metodología para la evaluación de los posibles impactos ambientales de las nuevas tecnologías, incluida la ingeniería genética.

En muchas sociedades, sobre todo occidentales, se asume que la ciencia es neutra, que tiene la capacidad de predecir lo que puede ocurrir bajo distintos escenarios, y por lo tanto constituye la única base para la toma de decisiones.

La evaluación de riesgos, sin embargo, tiene serias limitaciones.

El conocimiento básico existente sobre el funcionamiento de ecosistemas complejos, como son los bosques tropicales por ejemplo, es casi inexistente, y existe muy poco entendimiento, por parte de la ciencia occidental, de cómo las poblaciones humanas se relacionan con el ambiente, del papel que éste juega en la reproducción social, cultural y simbólica de estos pueblos. Igualmente en la mayoría de los países tropicales y subtropicales megadiversos en agrodiversidad y en parientes silvestres de cultivos, existe un enorme vacío en cuanto a inventarios florísticos y caracterización de este germoplasma, especialmente de los recursos que han conservado y utilizado las poblaciones indígenas y campesinas. Por este motivo, cuando se va a tomar decisiones sobre cultivos que tiene su centro de origen o diversificación en alguno de nuestro países, estos recursos son ignorados por los gobiernos y las empresas biotecnológicas.

De manera más específica, en el caso de la ingeniería genética, existe una gran cantidad de vacíos científicos para entender plenamente los impactos que los transgénicos pueden ocasionar en el ambiente, la biodiversidad, la salud humana y los sistemas productivos, especialmente de los pueblos indígenas y comunidades locales. El propio Protocolo de Cartagena reconoce la existencia de estos vacíos y que además, pueden surgir nuevas evidencias científicas sobre los peligros que esta tecnología entraña (Ver Art. 12 del Protocolo).

Tomemos el caso de la contaminación de las variedades tradicionales en el Sur de México.  Ninguna evaluación de riesgo hubiera sido capaz de predecir científicamente que esta iba a ocurrir, y por eso el Gobierno Mexicano aceptó importar maíz transgénica para consumo humano (y aunque no se aceptó maíz GM para ser liberado en el ambiente).  Las evaluaciones de riesgo no tomaron en cuenta las complejidades económicas y culturales de la sociedad mexicana, que produjeron como resultado dicha contaminación.

Por lo tanto, la efectividad de la evaluación del riesgo está limitada por estos vacíos, lo que crea grandes incertidumbres y debilitan el poder predictivo que la ciencia cree tener.

Con frecuencia se usa en la evaluación del riesgo, presunciones arbitrarias y pre- establecidas, y se hace extrapolaciones de condiciones similares o parecidas. La mayoría de las leyes y normas nacionales que se están adoptando en muchos países, se sustentan en evaluaciones de riesgos utilizando metodologías basadas en la "equivalencia sustancial" o en el proncipio de “familiaridad”, procedimientos que no tiene sustento científico, puesto que se extrapola, se sacan conclusiones y se toman decisiones, basados en estudios realizados en contextos y características ambientales, socioeconómicos y de poblaciones humanas y animales diferentes.

Más crítico aún es lo que ocurre en varios países en donde las autoridades nacionales en materia de bioseguridad, toman sus decisiones basados en el análisis de los estudios suministrados por las propias empresas, que realizan solicitudes para liberación comercial de cultivos y productos transgénicos; perdiéndose así la independencia, objetividad y rigor científico que se requiere para las evaluaciones de riesgo. Es por ello que buena parte de la comunidad científica ha cuestionado la metodología de evaluación de riesgos.

Las evaluaciones de riesgo no toman en cuenta todas las variables, especialmente cuando se trata de problemas complejos. No considera los efectos sinérgicos y acumulativos y a largo plazo. Sólo se evalúan los riesgos convencionales.

Por ejemplo, una metodología estándar para la evaluación de riesgos ambientales para estudiar el impacto de los OGM en los organismos no-objetivo sigue un sistema jerárquicos que empieza con experimentos simples en unas pocas especies y avanzan a través de una secuencia escalonada de experimentos, que aumentan en complejidad, sofisticación, costo, y duración, dependiendo de los resultados en las pruebas de los niveles más bajos. Los experimentos se inician en el segundo nivel, únicamente si los resultados en la primera indican potenciales efectos adversos. La meta de los esquemas jerárquicos de experimentación es minimizar los costos.

Se utiliza especies universales (por ejemplo un alga, una pulga de agua y un pez), aun cuando esas especies no estén presentes en el ecosistema estudiado.

Ignora la gran mayoría de vías de exposición por las cuales una planta transgénica podría afectar a una especie no-objetivo. Por lo tanto tales pruebas son ambiguas.

En aspectos de salud humana (que está incluido en el ámbito del Protocolo) no se toma en cuenta las diferentes reacción que tendrán poblaciones vulnerables como son los niños, los ancianos o poblaciones desnutridas. Este es un tema delicado sobre todo porque se ha comprobado que ayuda alimentaria con alimentos transgénicos ha sido distribuida a estos sectores de la población en varios países de América Latina, Asia y África.

El propósito de la evaluación del riesgo debe ser evitar impactos en el ambiente, la biodiversidad, la salud humana y el bienestar económico y social de la población. Por lo tanto, el eje rector de la evaluación del riesgo debe ser EL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN.

Aquí hay que tomar nota de lo que propone el documento presentado por la Secretaría, pues argumenta que:

“Se dispone de una gran variedad de información, incluida información ecológica básica y experiencia, tanto de organismos modificados como no modificados, pertinentes a la evaluación del riesgo de los OVM
”, pero ésta puede ser limitada porque la evaluación se hace caso por caso.

El documento añade que uno de los “ principales retos consiste en la extrapolación de datos de estudios en conclusiones acerca de los posibles efectos de los OVM sobre la diversidad biológica”.

Y que ” todas las evaluaciones de riesgo conlleva incertidumbres científicas inherentes y las herramientas y la pericia existente para abordar dichas incertidumbres se puede aplicar en cierto grado para apoyar las evaluaciones de riesgo de los OVM”.

Todas estas enunciaciones son un desconocimiento del principio de precaución, porque ante la falta de evidencias científicas, se debe optar por precautelar la salud humana, la biodiversidad y el ambiente, y no extrapolar datos y fiarse de la pericia de los evaluadores.

Por otro lado, hay que recordar que menos de 10 países en el mundo han adoptado de manera masiva los cultivos transgénicos, y por lo mismo, la mayoría no cuentan con información pertinente a la evaluación del riesgo de los transgénicos, y mucho menos aun tienen ninguna pericia al respecto.

La mayoría de países en el mundo tienen un nivel elevado de conocimientos sobre cómo manejar la agricultura de acuerdo al tipo de ambiente y de sus propias necesidades, pero carecen de experiencia en el tema de los cultivos transgénicos.  Y esto es algo que debe ser tomado en cuenta cuando se decide negociar unos términos comunes para la evaluación del riesgo.

La evaluación de riesgo debe:

v     Contar con la mejor información científica disponible.

v     Tomar en cuenta la complejo interacción existente entre el transgén, el organismo, y el medioambiente y las prácticas agrícolas en el cual se planea hacer la liberación

v     La evaluación de riesgo no puede servir para que una actividad que no es segura continúe, solo porque ya se ha hecho una evaluación del riesgo

v     No debe congelar acciones preventivas, debido a la falta de evidencias

v    La evaluación de riesgo no puede ser hecha para identificar únicamente los impactos a corto plazo

v     Debe incluir todas las etapas, es decir debe ser hecha paso a paso, por ejemplo, debe incluir la investigación en confinamiento y ensayos los semicomerciales, pero sin olvidar el objetivo final que se quiere dar al organismos transgénica

v     La evaluación de riesgo debe ser un proceso democrático, que incluye la percepción de la sociedad, sus necesidades o prioridades. Sin embargo, la participación de la sociedad no debe servir para legitimar procesos perniciosos, que concluyen en negociaciones en el que la localidad termina aceptando el riesgo, a cambio de algún beneficio económico a corto plazo

v     La evaluación de riesgos debe ser un documento público, que no esté amparado por normas sobre confidencialidad (que facultan a las transnacionales a no revelar información, que en muchos casos está relacionada con la seguridad de la población y del medio ambiente)

v     Se debe establecer sistemas participativos que incluya a todos los sectores interesados, y los distintos sistemas de conocimientos disponibles, incluyendo el conocimiento tradicional

v     Existe insuficiente conocimiento sobre el efecto de los cultivos transgénicos en el ambiente, la biodiversidad y la salud humana en la mayoría de países del mundo, y los trabajos hechos por centros independientes son sistemáticamente descalificados por los defensores de la industria biotecnológica.  Por lo tanto, los resultados de una evaluación de riesgos serán siempre insuficientes, por lo que debe regir el principio de precaución

v     La evaluación del riesgo debe tomar en cuenta todo el paquete tecnológico que se va a necesitar en caso de una liberación de transgénicos en el ambiente, incluidos los pesticidas, además de las practicas de manejo emanadas de la incorporación de esta tecnología

v     Igualmente es fundamental incorporar en la evaluación de riesgos, los impactos socioeconómicos de los organismos transgénicos especialmente en los sistemas productivos de las comunidades indígenas y locales de los países del Sur

v     La evaluación del riesgo debe incluir a diferentes sectores de la sociedad, incluyendo a niños, mujeres embarazada y en período de lactancia, grupos con alto nivel de desnutrición y grado inmunológico bajo

v     La evaluación del riesgo no debe ser el único estudio que se requiera previa la autorización de la introducción, uso, manipulación, comercialización, investigación de un OGM en un país.  En los sistemas de manejo ambiental hay evaluaciones que son más completos y que incluyen Estudios de Impacto Ambiental, Plan de Manejo, Plan de Contingencia, Plan de Abandono, y otros.