CONVENIOS INTERNACIONALES

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Ante el  deterioro del clima en Estados Unidos, debido a la sequía, los  productores de maíz han encontrado una alternativa en la  biotecnología para aumentar su oferta de grano, principalmente en  México

Darrel Alexander, maicero de Iowa (Estado líder del maíz de Estados Unidos) señaló que la tendencia actual indica que seguirá al alza la producción total de la oferta de granos de su país, sobre todo por los avances obtenidos a partir del aporte de las nuevas semillas biotecnológicas.

En este punto, apuntó a que la tendencia es a que el 60% del maíz del país proceda de material transgénico y el 40 restante sea obtenido por la hibridación convencional que no recurre a la transgenia.

Aunque Alexander informó que tiene planes de aumentar la producción de grano no transgénico, puesto que actualmente hay un estímulo comercial para la comercialización en ciertos nichos de mercado.

Asimismo, refirió que hay un escenario promisorio para el mercado internacional del maíz, sobre todo por la gran demanda que se tiene para la elaboración de etanol, un biocombustible que cada vez tiene más demanda, tanto como aditivo de la gasolina como para su empleo como sustituto de los hidrocarburos derivados del petróleo.

Por su parte, la Directora de la Oficina Comercial del Maíz de Iowa, Shannon Textor, expresó que ante la cercanía del fin de la protección arancelaria del maíz para el año 2008, planteadas en las condiciones del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), los maiceros estadounidenses se frotan las manos ante la posibilidad de enviar más granos al mercado mexicano.

Estados Unidos enviará cereal amarillo, que supone actualmente cerca de ocho millones de toneladas de importaciones, y de la variedad blanca (pese a que en esta variedad blanca hay autosuficiencia en la producción mexicana).

La desgravación arancelaria estimulará las importaciones mexicanas de maíz blanco porque el producto estadounidense tendrá a su favor varias ventajas, sobre todo su producción en un esquema de economía de escala que lo hace muy competitivo en precio, agregó.

Los maiceros mexicanos ya tienen conocimiento de los contactos de su contraparte de Estados Unidos con grupos de compradores mexicanos, como los industriales de la masa y la tortilla.

En Estados Unidos casi la mitad de todo el maíz cultivado proviene de semillas transgénicas, informó hace pocos días un funcionario de la oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR).

Los consumidores estadounidenses han ingerido sin incidentes alimentos nutritivos que contienen ingredientes transgénicos durante una década, señaló. Mientras que la pérdida en ventas de productos agrícolas a Europa debido a la moratoria le cuesta a Estados Unidos "varios cientos de millones de dólares al año, agregó.

Una vez se emita la decisión preliminar, las partes interesadas tendrán la oportunidad de someterla a revisión y comentario. La OMC dictará a continuación su veredicto final en lo que atañe la denuncia de la moratoria a finales de 2006 o principios de 2007, dijo.

Estados Unidos produce 300 millones de toneladas de maíz, de las que 280 millones son grano amarillo. México supera ligeramente los 20 millones de toneladas. Los rendimientos de Estados Unidos suponen más de nueve toneladas por hectárea, mientras que en México en promedio no se llega a las cinco toneladas

Estados Unidos tiene 350 mil maiceros. México cuenta con tres millones. Las principales entidades maiceras son Iowa, Illinois y Nebraska y otros estados del llamado Midwest de Estados Unidos.

El productor de transgénicos más polémico

Por otro lado, la empresa Monsanto, con sede en Missouri, Estados Unidos, es creador y líder mundial de la agricultura con semillas genéticamente modificadas. Más del 90% de la superficie de cultivos comerciales transgénicos usa semillas de marcas comercializadas por este grupo o que contienen un gen de Monsanto licenciado a otras firmas.

El grupo se ha convertido en sinónimo de agricultura transgénica y en foco de las batallas de los críticos a este sector: grupos de consumidores que temen las repercusiones que pueda tener en su salud; ecologistas y otros movimientos sociales y de campesinos que denuncian los efectos sobre la biodiversidad y repercusiones en el medio ambiente.

Países del Tercer Mundo y organizaciones no gubernamentales contemplan los transgénicos como una amenaza a su agricultura y no como una aportación para luchar contra el hambre en el mundo, como defiende la industria.

Monsanto señala, entre otras ventajas de la biotecnología, la reducción de costes, así como la posibilidad de adaptar cultivos a entornos poco favorables para combatir el hambre y enfermedades.

La actividad en biotecnología por la venta de semillas transgénicas y los pagos por patentes de los genes modificados licenciados a otras compañías, junto con la venta de semillas tradicionales ya sumaban en el 2001, más del 30% de la facturación del grupo.

El 70% restante corresponde fundamentalmente a las ventas del herbicida Roundup (con glisofato como principio activo), y otros herbicidas. Desde su comercialización en 1974, el Roundup ha sido una fuente sustancial de ingresos para el grupo, incluso a partir del 2000, una vez finalizada su patente.

http://www.adnmundo.com/contenidos/comercio/transgenicos_usa_ce_130706.html
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