DECLARACIONES

Declaración de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos, frente a casi 20 años de la introducción de cultivos transgénicos en la región

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A casi dos décadas de la primera introducción de transgénicos en el ambiente, América Latina se ha convertido en maquila de las transnacionales que producen granos para animales de otras transnacionales, contaminando el ambiente y la biodiversidad. Pero sigue siendo un espacio de biodiversidad, donde florece la vida, y las comunidades campesinas.
 
A 17 años de haberse liberado los cultivos transgénicos en el ambiente, 30 organizaciones de América Latina pertenecientes a 12 países de la región, convocadas por la Red por una América Latina Libre de Transgénicos en la ciudad de Bogotá – Colombia, del 23 al 27 de Mayo de 2013, analizamos el panorama de nuestro continente, y hacemos pública nuestra preocupación por los graves impactos que estos cultivos tienen en la región.
 
Rechazamos tajantemente la liberación comercial masiva de maíz transgénico que quiere hacer la industria en más de tres millones de hectáreas en México, un hecho sin precedente en la historia de la agricultura, pues sería la primera vez que ocurriera una devastación de tal magnitud en uno de los centros de origen y para un cultivo alimenta a la humanidad en su conjunto.
 
A lo largo de este período, los cultivos transgénicos han sembrado desolación y muerte en América Latina, donde estos cultivos han alcanzado altos niveles de expansión, ocupando el segundo lugar en área cultivada con transgénicos en el mundo.
 
Las empresas productoras de semillas, agrotóxicos y comercializadoras de alimentos transgénicos junto con las élites locales y en complicidad con los gobiernos del turno, han convertido a América Latina en maquila de los cultivos transgénicos del mundo.
 
No existen cultivos transgénicos sin plaguicidas.-
 
A pesar de que los promotores de los cultivos transgénicos dijeron que éstos iban a disminuir el uso de plaguicidas, la realidad es lo opuesto. Ha habido un aumento exponencial en el uso de agrotóxicos en los países que han adoptado esta tecnología, y su aplicación está relacionada especialmente con los cultivos resistentes a herbicidas, lo que ha significado el sometimiento de la población a una condición sanitaria cercana al genocidio. En el Cono Sur, la soja resistente a Glifosato cubre un área de 475.700 Km.2; toda esta área es fumigada con un cóctel de agrotóxicos que incluye el Glifosato, afectando a cerca 10 millones de personas que viven en la zona de influencia de las fumigaciones asociadas a los cultivos transgénicos.
 
Brasil ocupa el primer lugar a nivel mundial en el consumo de agrotóxicos desde 2010, siendo el principal productor de soya resistente a Glifosato en la región.
 
Esta avalancha tóxica ha provocado un aumento exponencial de enfermedades relacionadas con plaguicidas, como malformaciones genéticas,  incremento de leucemia, linfomas, enfermedades autoinmunes,  y daños irreparables en los ecosistemas.
 
Estos problemas se agudizarían con la adopción de nuevos transgénicos resistentes a herbicidas más fuertes como son el 2,4-D y Dicamba, el Glufosinato de Amonio, que ya han sido aprobados o están en proceso de aprobación en nuestros países, por lo que repudiamos cualquier intento de liberarlos al ambiente.
 
A esto se suma la contaminación genética de la agrobiodiversidad y la destrucción de ecosistemas naturales, que son la base de sustento de las comunidades locales.
 
Los problemas generados por los transgénicos, han generado violaciones a los derechos humanos.-

Los impactos descritos son tan graves, que ha dejado de ser un problema que puede resolverse a través de técnicas como la evaluación y manejo del riesgo, para convertirse en un causal de violación de los derechos humanos de poblaciones enteras, por lo que su discusión debe salir de convenios internacionales como el Protocolo de Cartagena que se limita a ver los impactos de la modificación genética en la biodiversidad, para ser tratado por los organismos de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos.
 
Los cultivos transgénicos no nos alimentan.-
 
Las vastas zonas dedicadas a la siembra de cultivos transgénicos en América Latina, antes dedicadas a satisfacer el derecho humano a la alimentación,  hoy son territorios donde se produce soja y maíz transgénico para forraje, destinados a la cría intensiva y confinada de animales, que en la mayoría de casos son criados en otros continentes, privando a la población nativa del acceso a alimentos sanos y culturalmente adecuados. En los países donde se cultivan soja y maíz transgénico los animales son criados en condiciones sanitarias muy pobres y de gran violencia, lo que repercute en la calidad de la carne, lo  que conlleva enormes impactos en los patrones de alimentación y en la salud humana y de los animales. Los transgénicos son un negocio de transnacionales para transnacionales, no para consumidores ni para agricultores. Los transgénicos son comida para comederos, no de comedores; e incluso han desplazado la cría tradicional de animales en países donde esto era costumbre, empeorando la salud, el ambiente y las economías de pequeños criadores.
 
Las nuevas leyes de semillas son un impulso a la expansión de los transgénicos y una amenaza a las semillas nativas.-
 
En la región se están impulsando nuevas leyes de semillasdonde se plantea la penalización de la circulación de las semillas nativas que son la base de la agricultura campesina y familiar. Esto es una clara violación a los derechos de los agricultores, claramente reconocidos en el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. Estas leyes además buscan reforzar el control de mercado por parte de las empresas de semillas transnacionales, y la adopción de las semillas transgénicas en nuestros campos, poniendo en peligro los recursos fitogenéticos de la región.
 
Las organizaciones reunidas en Bogotá queremos llamar la atención sobre las siguientes problemáticas específicas en América Latina:

Costa Rica - Apoyamos a las organizaciones sociales de Costa Rica quienes han optado por un modelo de desarrollo agrícola libre de transgénicos y propiedad intelectual  y basado en la agroecología  y las semillas ancestrales y criollas; y a todos los 58 cantones que se han declarado libres de transgénicos. Por lo mismo, rechazamos el intento de empresas transnacionales que pretenden sembrar maíz transgénico en ese país, y apoyamos la llamada a moratoria de 30 años a la liberación de cultivos transgénicos y demás cultivos manipulados mediante técnicas de la ingeniería genética en el territorio nacional, pedida por las organizaciones sociales.

A pesar de todos estos problemas, en nuestro continente pervive una rica cultura campesina que es la que alimenta al 70% de la población. En sus territorios se conserva la más rica agrobiodiversidad del Planeta que está en continuo proceso de renovación.  Aquí se extienden los más grandes territorios cubiertos con bosques tropicales, así como de otros importantes ecosistemas.
 
Por una América Latina Libre de Transgénicos y la revitalización de la agricultura campesina y familiar